domingo, 22 de enero de 2012

HABLEMOS UN POCO DE LOS SINDICATOS


Empecemos por la definición que nuestro diccionario de la Real Academia de la Lengua Española hace de la palabra SINDICATO: Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros.

Si analizamos la definición nos encontramos con esto.

“Asociación de trabajadores”. Bueno, esto es cierto. Afiliados, tienen afiliados. Pocos, pero los tienen.

“Constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”. Aquí empieza a fallar la definición. De sus miembros o de su organización?

De verdad creéis que defienden o promocionan los intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros?

Es cierto que algunas cosas han hecho; eso si de cara a la galería o cosas de sentido común para cualquiera.

Pero paraos a pensar. De quién cobran principalmente? Del Gobierno. Conocéis a alguien que muerda la mano que le da de comer?

Cuánta riqueza han acumulado en casi 40 años?

Y luego critican a la Iglesia. Al menos la Iglesia española, se nutre de sus miembros y los sindicatos españoles de afiliados y Gobierno, que somos TODOS.

Y sin mencionar lo que la Iglesia aporta a la Sociedad y lo que aportan los sindicatos (poco más que manifestaciones donde se acaban rompiendo mobiliario urbano y propiedad privada)

Pero no estamos aquí para comparar Iglesia y Sindicatos, que ya hemos constatado que nada tienen que ver, aunque se pueda decir que tienen fines muy parecidos.

Os voy a contar la experiencia que tengo de cómo nuestros maravillosos sindicatos defienden a sus miembros.

La historia es completamente real.

Mi madre tenía cáncer de colon, el cual se fue extendiendo. Aún así, mi madre siguió yendo a trabajar, cuando su quimioterapia y dolores se lo permitían.

Porqué? Porque amaba su trabajo. Porque la hacía olvidarse durante unas horas de su terrible enfermedad.

Pero llegó el día en que ya no podía. Y la empresa (no voy a mencionar el nombre, pero muy importante y que todos hemos usado en alguna u otra ocasión), dijo que porqué tenía que dejar de trabajar. Si había estado trabajando hasta ahora, no había motivo para dejar de hacerlo. Increíble verdad?

Luego, pasado el tiempo deduje el porque de esta tontería. Su compañera, peso pesado dentro de uno de los principales sindicatos españoles, no sabía hacer la “o” con un canuto y siempre estaba haciendo “sus cosas”. Mi madre, lógicamente sacaba el trabajo adelante.

Empezó un largo proceso de informes médicos, revisiones médicas por parte de la empresa…

Al final, dos de los tres sindicatos principales se posicionaron a su favor. Sabéis cuales? Los sindicatos a los que NO estaba afiliada mi madre. Sabéis a cuál estaba afiliada? Al de su compañera.

Vamos, que el sindicato al que estaba afiliada, es decir, al que daba dinero, un MIEMBRO, le exigía que trabajase meses antes de que finalmente nos abandonase.

Sacad vuestras propias conclusiones. Yo sólo me dedico a desahogarme ante tanta mentira, intereses ocultos y demás mierda que nos rodea.

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